MARÍA SANTÍSIMA DEL AMOR
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Autor de la imagen: Jesús Santos Calero, 1969.

Bendecida el 18 de enero de 1970 por D. Antonio Franco Garrido, actuando de padrinos los hermanos fundadores de la Hermandad de la Resurrección, D. José Pérez Blanco y su esposa Dª María Rosario López Mojarro, y D. Teófilo José Navarrete y su esposa Dª Cristina López Sebastián.

La Virgen del Amor es una imagen de candelero para vestir, realizada en madera por el escultor sevillano D. Jesús Santos Calero en 1969. La Hermandad le hace el encargo por su prestigio artístico y por ser además antiguo alumno de La Salle en cuyo colegio de la calle San Luis se fundó la Hermandad.
La Virgen del Amor es una talla de categoría; representa a una imagen de Virgen dolorosa al estilo sevillano, con una particularidad muy especial: en Sevilla la imaginería por lo general se desarrolla en estilo barroco, que es el estilo más característico en la Semana Santa sevillana, pero esta imagen de la Virgen del Amor presenta una belleza serena, sosegada y armoniosa, propia del estilo neoclásico, alejándose de los cánones barrocos.

Tiene unas bien dibujadas manos que sostienen un pañuelo donde enjugó todas sus lágrimas, aunque aún le quedan en su rostro algunas que reflejan el dolor pasado.

La expresión de la Virgen está llena de humanidad; el artista ha conseguido recoger el momento más humano e íntimo, el de la máxima resignación: es la entrega personificada.

Esta obra fue la primera que hizo Jesús Santos Calero para Sevilla y siente por ella un gran cariño. La realizó especialmente para la Hermandad de la Resurrección. Su labor se ha encaminado más tarde hacia otras provincias y restauraciones para hermandades sevillanas.

Tiene Santos Calero una personalísima visión de las Vírgenes dolorosas que se estampa en los ojos de la del Amor, que aparecen entreabiertos, doloridos, tristes y cansados, pero conservando una expresión de ternura. Se adivina un buen dibujante en la nariz recta y la pequeña boca, perfectamente talladas. Es una talla que expresa el estilo neoclásico, donde prima el dibujo y la simetría sobre el color, como se ve en la palidez de las carnaciones.

Es, en resumen, una imagen que invita al recogimiento y al rezo, y que inspira amor como su propio nombre indica.

Rosario Pavón Villa

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